Por Eduardo Argüello.
Este último San Valentín quise hacer algo especial con mi novia y fuimos a cenar a Inka Grill Curridabat.
Como es de suponer, esta es una de las noches más atareadas en cualquier restaurante, por lo que sabíamos que teníamos que armarnos de paciencia.
Llegamos como a las 9:10 p.m. y había una considerable fila. Sin embargo, decidimos esperar (de nuevo, era comprensible).
Al rato de esperar, nos ofrecieron unas bebidas de cortesía (hasta el momento todo muy bien).
Por ahí de las 9:45 p.m. nos pudieron acomodar en una mesa (ninguna queja hasta acá).
Ordenamos unas bebidas, una entrada y los platos fuertes. En unos cinco minutos llevaron las bebidas y en unos 15 más nos sirvieron la entrada.
Después de eso, nada… Luego de esperar media hora más, pedí una bebida más.
Observamos como mesas que llegaron al mismo tiempo ya estaban cenando e inclusive algunas estaban ya pagando.
A las 11:10 pm (más de una hora después de haber ordenado), al preguntar que pasó con nuestros platos, no me supieron dar respuesta, por lo que simplemente pedí la cuenta.
Me pidieron que pasara a la caja, pensé que para disculparse y decirme que no debía cancelar nada por la espera de los platos que nunca llegaron.
Pero, sorpresa, después de que me hicieron hacer aún más fila en la caja, tuve que esperar un rato más mientras localizaban al mesero para que le confirmara a la señora que estaba en la caja que efectivamente no me habían servido los platos (ella se limitó a poner cara de sorprendida, y durante todo ese tiempo nadie se había molestado en ofrecer una disculpa).
Observé cómo sacaba de la factura los dos platos fuertes (el sistema le pide códigos de autorización, alguna autoridad debe tener), la imprimía y me indicaba que eran casi 13 mil colones por el servicio (cuál me pregunto yo).
Al preguntarle que si siempre me iba a cobrar por arruinarme la noche (a esa hora ya no podía ir a otro lado), solamente me indicó que ella no podía hacer nada (¿qué tal una disculpa?).
Pagué de mala cara la factura pensando en que al menos enviaría este caso a este blog para que se difunda el pésimo servicio que recibí de parte de ellos.





Curiosamente, algo similar nos pasó en el Restaurante de Paseo de las Flores hace cinco años. Lo mejor del caso fue nunca más salir un 14 de febrero, porque con este y cualquier otro restaurante la situación se repite. Pensé que eramos los únicos “salados”, pero ya veo que no. ¡Qué mal por Inka!
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Qué mal y no es la primera vez que pasa en Inka y en otros restaurantes ese día.
La verdad es que NO es comprensible que para ese día haya que esperar horas para ser atendido y tener una mala calidad de servicio y comida. Para esto los negocios deben de estar preparados y contratar al doble del personal si fuera necesario y, si no pueden dar abasto, pues decirle a los clientes en fila que no pueden atenderlos por la demanda. Esto solo demuestra la poca administración del negocio.
No hay que echarle la culpa ni a los meseros, ni a la cajera ni a los de cocina… Hay que echársela a los administradores del local…Me imagino que ellos sí estaban pasando un muy San Valentín, mientras que a uno le arruinaban la noche.
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Y ojo que, además, a Inka Grill se le “olvida” incluir los impuestos en los precios del menú. Qué cáscara….
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De ser mi persona, simplemente saldría del negocio, demostrando así el mismo desinterés que mostraron al atenderme.
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Yo no pago nada, me voy y no vuelvo jamás….
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Este restaurante en particular no se caracteriza por su servicio al cliente. Hace tal vez medio año fuimos a cenar con mi mamá y ella pidió un ceviche. Increíble fue ver cómo mientras comía se iba sacando las espinas de la boca (creo que en el Mercado Central hubiera sido de mejor calidad y tres veces más barato). La indiferencia del mesero cuando le enseñamos las espinas fue insultante, sobre todo porque le pasó a mi mamá que es un adulto mayor. A la fecha, estoy aún esperando una disculpa.
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